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SIEMPRE HAY QUE CAMINAR ADELANTE

La vida no es fácil y siempre me despierto con la misma sensación: que por más que vea el vaso medio vacío, hay que seguir adelante. ¡Hay...

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miércoles, 19 de abril de 2017

SIEMPRE HAY QUE CAMINAR ADELANTE

La vida no es fácil y siempre me despierto con la misma sensación: que por más que vea el vaso medio vacío, hay que seguir adelante.
¡Hay que seguir adelante!
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Es de ilusos pensar que alguna vez podremos estar totalmente libres de problemas, pues siempre tendremos algo que nos incomode, nos robe el sueño, o nos haga sentir insatisfechos con la vida. Tan pronto resolvamos un problema descubriremos otro nuevo, o lo que es peor, presenciaremos el retorno de un problema que creímos ya superado. Tanto así que es lógico que en ocasiones nos desanimemos, perdiendo la ilusión por vivir el día a día, pensando que la vida ya no podrá sorprendernos ni alegrarnos…

Esos pensamientos no son buenos, no nos hacen bien, y tenemos que deshacernos de ellos pues si vamos a vivir, cosa que ya estamos haciendo, que sea con alegría y esperanza en cada nuevo día.
Después de todo, no todo es negativo, tenemos que aprender a valorar también las cosas buenas sin darlas por sentado. Por mal que estén las cosas, saldremos hacia adelante.
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Cada día es un regalo, vívelo así, pues el amor que sienten por ti es una bendición, no todo el mundo es capaz de darlo. En lo personal me gusta creer que las personas somos seres de amor, capaces de dar y recibir alegría los unos a los otros. Me gustaría creer que el amor que entrego es recibido con el mismo valor con el que lo he regalado.

Vivamos cada día como si fuese el último, buscando dar amor y felicidad a los que nos rodean, y aprovechando la oportunidades que tenemos de ser buenos los unos con los otros.
Habremos aprendido a vivir el día en que tengamos un corazón agradecido a Dios por todo cuanto nos sucede. Incluso agradezcamos las lágrimas que derramamos, pues en ellas está la enseñanza que nos hace fuertes.
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Pese a todo, seguimos adelante
Las malas experiencias nos motivaron a crecer fuertes, ayudándonos a saber decir adiós a las personas que amamos, en ocasiones incluso hemos tenido que decir un adiós para siempre a personas que ya nunca más podrán estar entre nosotros. Decir adiós nos rompió el corazón en mil pedazos, experiencia dolorosa que jamás podremos olvidar… La vida nos ha dado razones para llorar, pero somos fuertes, y seguimos adelante.
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Todo lo superaremos, saldremos hacia adelante.Por otro lado, la vida también nos ha regalado cosas que siempre nos darán razones por la cuales vivir, como lo son nuestros sueños, las personas que amamos, que nos hacen ser mejores personas, y nuestros hijos... esos hermosos seres que un día se realizarán como personas y prolongación de nosotros mismos.
Necesitamos aprender a vivir la vida con todos sus matices, algunos son negros y oscuros, otros están radiantes de luz. En nuestro interior hay una paleta de colores para dar color a medida que maduramos y aprendemos a ver la vida tal como es…
¡Vivamos la vida en plenitud, aun con todos sus matices!
Piensa en lo bueno: la vida es un arcoíris.

La vida está para disfrutarla en felicidad y generosidad. Que al final de nuestro camino podamos sentirnos felices porque las semillas que hemos sembrado, por pequeñas que fuesen, ayudaron a otros que recogieron nuestro fruto. Que al mirar atrás sepamos que hemos ayudado a mejorar sus vidas, que vivimos en el recuerdo de personas que jamás conocimos, que nuestras palabras y amor siguen viviendo y extendiéndose en ellos y a través de ellos.

¡Hay que salir adelante!
Aún quedan muchas sorpresas por ver, no demos nada por sentado, no pensemos que ya lo hemos visto todo y que la vida no nos puede sorprender… Nunca pensemos que estamos de vuelta de nada, no nos dejemos llevar por la tristeza del corazón ni nos sintamos desilusionados por lo que no hemos logrado. No seamos personas amargadas, aun cuando la vida nos trate mal, siempre busquemos dejar un bonito recuerdo en las personas que estuvieron en nuestro camino.
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Aprendamos a vivir,
pues aun con sus reveses,
la vida es bella y merecemos vivirla.


lunes, 17 de abril de 2017

FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN

La experiencia de la Pascua se vive siempre con otros, en comunidad, en cada gesto de afecto, de esperanza, de ayuda, en cada momento que damos y recibimos vida. En cada morir para tener una vida más vida -para nosotros, pero especialmente para los demás-, se hace presente el Dios de la vida que resucitó a Jesucristo En cada uno de esos momentos estamos haciendo presente la Pascua, el paso del Señor, la Resurrección de Jesucristo que esta mañana celebramos.
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El papa Francisco apuesta en que “¡Jesús ha resucitado”, y exhorta: “no te cierres” en el sepulcro del dolor de este mundo por mas grave que sea tu enfermedad, tu desgracia o sufrimiento…
“Yo apuesto en la resurrección de Cristo. Hermanos y hermanas esto es lo que me viene de decirles: Vuelvan a su casa hoy repitiendo en sus corazones: ¡Cristo ha resucitado!

FELICES  PASCUAS A TODOS 

jueves, 13 de abril de 2017

DIA DEL AMOR - JUEVES SANTO

Jueves Santo: Misa de la Cena del Señor
Ex 12,1-8.11-14 / Sal 115 / 1Co 11,23-26 / Jn 13,1-15
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“Este es mi mandamiento nuevo:ámense los unos a otros como Yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por el amigo.”Jn 15,12
“Tomen y coman: Este es mi Cuerpo”.

Muy queridos hermanos míos en el Señor:
Jueves Santo. Estamos congregados por el Espíritu en el nombre del Señor Jesús, para conmemorar la Cena del Señor. Tenemos seguridad, carísimos hermanos, en una presencia misteriosa y muy honda, una presencia de amor de Cristo, ya, en medio de nosotros. El sacerdote que ha proclamado el Evangelio les ha asegurado a ustedes “el Señor está con ustedes”. 

Es esa presencia que asegura habernos congregado como una sola familia, un solo corazón y una sola alma para recibir en silencio la mismísima Palabra del Señor. Y yo quisiera que fuera ella, la Palabra del Señor, la que ahora continuara hablándonos, que nos iluminara por dentro, que nos quemara para purificarnos y que nos cambiara.
Nos ha hablado la Palabra del Señor. Nos hemos congregado en familia para comprometernos con ella, con esa misma Palabra, a realizarla después en lo cotidiano, en lo simple, en lo de cada rato, en casa, en el trabajo y en la calle. 
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Porque la Palabra de Dios exige ser recibida en el silencio y en la pobreza, como María, ser realizada después en total y plena disponibilidad, porque eso es ser cristiano.
Nos hemos congregado esta tarde, mis queridos hermanos, en la mismísima tarde de la celebración de la Institución de la Eucaristía, de la Institución del Misterio Sacerdotal, de la entrega de un mandamiento de Amor.

Debió ser así, una tarde como esta, aquella en la cual Jesús se reunió con sus discípulos. Les dijo: Tomen, coman, esto es mi Cuerpo que será entregado por ustedes; esta es mi Sangre que será derramada por ustedes. Debió ser una tarde así, una tarde así en la cual el Señor les dijo: hagan esto en memoria mía hasta el final, hasta que yo vuelva. Proclamen siempre la muerte del Señor hasta que yo vuelva. Debió ser una tarde así cuando les dijo a los discípulos: ámense los unos a los otros como Yo los he amado.
Y yo me pregunto si después de veinte siglos nosotros hemos comido verdaderamente el Cuerpo del Señor y bebido su Sangre. Porque el mundo tendría que ser distinto si los cristianos hubiésemos comido de veras el Cuerpo y bebido la Sangre del Señor. 
Yo me pregunto si ahora, en 2017, comprendemos que el mandamiento del Señor tiene todavía vigencia y que a nosotros los cristianos nos ha comprometido a amar de veras, amar perdonando, a amar comprendiendo, a amar sirviendo.

El Evangelio de hoy comenzó haciendo referencia a la hora de Jesús. Dice que sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre. Era la hora misteriosa de la cual había hablado tantas veces el Apóstol Juan; la hora marcada por el Padre para la redención de los hombres; la hora en que se iba a producir la unidad del mundo; la hora en que iban a dejar de ser dos pueblos, para hacerse en la unidad del hombre nuevo de Cristo, el Señor Resucitado, el solo Pueblo de Dios; la hora en que se iba a hacer la unidad muy profunda de los hombres enemistados, lejanos, y ahora volvían al Padre; la hora del amor, la hora de la unidad.
Yo quisiera mis hermanos, que comprendiéramos que también nosotros tenemos una hora, y que esta hora es la nuestra, que tenemos que comprenderla bien, que tenemos que amarla con intensidad y que tenemos que vivirla con generosidad. 
¡Esta hora nuestra! Esta hora nuestra así como se da; esta hora nuestra con todos sus riesgos y oscuridades, también con todas sus posibilidades y esperanzas; esta hora tan difícil y dura; esta hora tan rica y tan llena de Dios. Esta hora en la cual el Señor me está pidiendo absolutamente todo, a mí, cristiano.

Y es en esta hora donde yo voy a celebrar otra vez la Pascua con Jesús. Es en esta hora donde yo recojo ahora la Palabra de Jesús: que tengo que amar a mis hermanos. Es en esta hora que yo advierto que mi fe no es únicamente para proclamarla en la iglesia, en el templo, sino para vivirla en lo cotidiano, en lo simple y con todos los hombres. Es esta la hora que yo tengo que aprender que es necesario morir, despojarme, desprenderme para servir de veras a nuestros hermanos.

Quisiera que comprendiéramos esta hora. Les decía que es una hora muy difícil pero al mismo tiempo muy rica, muy llena de la presencia de Dios. El Espíritu de Dios está moviendo a las almas y comprometiéndolas a que vivan sencillamente, pero con intensidad, su cristianismo. 
Es la hora en que pareciera que todo se quiebra y se despedaza, en que pareciera que el amor mismo ha muerto entre los hombres, en que la injusticia se ha apoderado del corazón de los mortales. Es en esta hora donde yo, cristiano, tengo que poner un poco más de la Luz de la Verdad. Esta hora en la cual yo tengo que plantar la justicia y ser realmente hacedor de la paz en la justicia. Es la hora en que yo tengo que comprometerme, muriendo todos los días un poco, a amar de veras a mis hermanos.

Hoy conmemoramos, mis queridos hermanos, como tres Misterios. Es, ante todo, el Misterio del Sacramento del Amor en la Eucaristía, la Institución de la Eucaristía. Es también el Misterio mismo del Amor en la permanencia del misterio sacerdotal: Cristo que instituye el sacerdocio, ¡ministerio de amor! 
Y es el mandamiento nuevo, el mandamiento del amor. Todo en torno al amor.

Yo quisiera que pensáramos un poco con toda sencillez y que nos comprometiéramos a amar ahora, en este momento en que nuestro corazón está tal vez un poco más aliviado por la presencia del Señor, un poco más ayudado por el compromiso de nuestros hermanos; que nos comprometiéramos a amar en momentos en que el mundo lo que necesita es que los cristianos aprendiéramos a amar de veras. ¡Porque amar es fácil, saber amar es difícil!

La Eucaristía
Es un sacramento del amor, la Eucaristía. Es Cristo el que toma su Cuerpo y lo entrega: este es mi Cuerpo que es entregado, esta es mi sangre que es derramada. El amor es unidad, es comunión fraterna; el amor es esperanza; el amor es entrega. Todo ello aparece en la Eucaristía.
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El amor es comunión fraterna. El Apóstol Pablo encuadra el relato de la Institución en un contexto de amor. No pueden hablar de una verdadera celebración eucarística –dice el Apóstol Pablo, escribiendo a los Corintios– cuando ustedes están peleándose los unos con los otros. ¿Qué clase de comunión, qué clase de cena celebran ustedes? La Cena del Señor es otra. Entonces que cada uno se analice y piense bien cómo tiene su corazón; si lo tiene cerrado a los demás, si come, si se emborracha mientras el hermano está pasando hambre –es Pablo el que lo dice–; si se apresura a comer sin esperar al hermano –es Pablo el que lo dice–; es decir, si hay divisiones entre nosotros. ¿Qué clase de Eucaristía celebramos?
Entonces yo quisiera preguntarles, mis hermanos, en este día de la Institución de la Eucaristía, ya que la Eucaristía es unidad, es comunión fraterna: ¿cómo vivimos nosotros con nuestros hermanos? Si nuestro corazón es limpio pero cerrado, ¿de qué sirve? Nuestro corazón tiene que abrirse cotidianamente en la medida en que entra el Pan de la unidad.

No se celebra la Eucaristía si no hay una comunión de hermanos. 
Y la misma Eucaristía, una vez que hemos participado en el Cuerpo y en la Sangredel Señor, nos compromete para hacer la unidad entre los hermanos. De tal manera que cuando salgo de la celebración eucarística, de haber escuchado la Palabra y de haber recibido el Cuerpo del Señor, tengo que comprometerme a hacer la unidad en casa, en el trabajo, en el barrio; tengo que sentirme portador de una comunión. 

Pero, queridos hermanos y amigos, esta comunión no se da si yo mismo no estoy permanentemente en comunión con Cristo. La comunión con los hombres se quiebra muy fácilmente si no hay algo poderoso que nos está uniendo. Es necesario entrar en comunión muy profunda con el Cristo muerto y resucitado. Es por allí por donde tiene que ir la cosa.

La Eucaristía es esperanza. En la primera lectura hemos escuchado cómo hay que comer la Eucaristía del Señor: de prisa, rápidamente, con los pies calzados, con el bastón de peregrinos en mano, porque estamos andando. La Eucaristía es esperanza, la Eucaristía es camino. 

La Eucaristía es esperanza: proclamaréis la muerte del Señor hasta que Él vuelva, nos dice el Apóstol Pablo.
Hoy que a los hombres nos hace falta tanto el alimento, la firmeza, la seguridad, la valentía, el coraje de la esperanza. Hoy que nos sentimos un poco desalentados y cansados como para cruzarnos de brazos y decir: ya no se puede hacer absolutamente nada. Hoy que nos entra a nosotros un poco como la tentación de la desesperanza, del desaliento. Hoy que vemos que todo se oscurece y se quiebra. 

Hoy que fácilmente, aún dentro del seno de la Iglesia, nos viene la tentación de convertirnos en profetas de calamidades: ¡ya no hay más remedio! ¡Qué necesidad de convertirnos en luminosos y ardientes testigos de esperanza! La Eucaristía, el Pan de los fuertes, la que nos da la esperanza.
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La Eucaristía es entrega, es donación; Cristo que se da. Todos los días en la celebración de la Eucaristía recordamos estas palabras de Jesús, con las cuales realizamos la Eucaristía: este es mi Cuerpo que se entrega, esta es mi Sangre que es derramada. Entregarse. Derramarse es darse, es olvidarse completamente, es vivir para los demás. ¡Qué lección sublime para nosotros que todavía nos guardamos, que nos encerramos, que nos cuidamos! Qué bueno es ser derramado, ser comido, ser entregado.

El sacerdocio
Hay alguien mis hermanos, que por definición es el hombre que tiene que ser devorado y comido: es el sacerdote. 
Hoy recordamos también la institución del sacerdocio, misterio de amor. 
No tiene sentido la vida sacerdotal sino en una línea de amor auténtico. 
Todo en la vida del sacerdote tiene que irradiar amor; la palabra de él, tiene que ser una palabra de auténtico amor cristiano; tiene que ser una exhortación a la unidad, como fue la de Cristo.
Su presencia tiene que ser también presencia de comunión. Es el que hace y preside la comunión de sus hermanos. Yo creo que es eso lo esencial en el sacerdote. 

El hombre que hace y preside la comunión, el hombre que hace y preside la unidad, él en su misma vida. No tiene sentido su existencia si no es vivida en una inmolación y ofrenda a Dios.
En el programa de celebraciones de Semana Santa hay una frase al final que dice: “la caridad pastoral nace en el silencio, madura en la cruz, se expresa en la alegría pascual”. La vida del sacerdote tiene que ser eso, una vida vivida en el amor, una vida consagrada al amor. Él tiene que ser la expresión de Dios que es Padre, que es Amor. Y tiene que irradiar constantemente la alegría pascual de vivir en el silencio, en la cruz, en el servicio, en la donación.

El sacerdote es el hombre particularmente elegido por Cristo y consagrado por el Espíritu Santo para servir al Pueblo de Dios en orden a formar una auténtica comunidad de salvación. Allí está la elección de Cristo: no son ustedes los que me han elegido a mí sino que soy Yo el que los he elegido a ustedes. Por eso lo sacerdotal es irreversible. 

Hay una llamada y una respuesta que es para siempre. 
Hay una llamada de Dios que tiene derecho a pedir lo absoluto. Y hay una respuesta de entregar –cuando Dios se lo pide– lo absoluto. Este es el sentido de la vida sacerdotal: una inmolación y una ofrenda, una entrega.

Es el hombre consagrado por el Espíritu. Sigue teniendo la fragilidad humana. Sigue estando lleno de defectos, de imperfecciones. 
Por esto tiene que ser el hombre pobre, el que se reconoce todos los días culpable y necesita golpearse el pecho como sus hermanos y pedirle al Señor que le perdone. 

Él podrá comprender mejor a los que yerran y se equivocan porque él todos los días está rodeado también de debilidad. Pero es el hombre consagrado por el Espíritu, el hombre que se apoya en Aquel para quien nada es imposible. Es el hombre que ha sido consagrado por el Espíritu para servir, servir al Pueblo de Dios.
Su palabra no es suya, es la de Aquel que le envió. Él no tiene derecho de hablar de cualquier cosa y de cualquier forma. Él tiene que trasmitir la única Palabra que salva, que es la Palabra de Dios, como un eco de lo contemplado, de lo vivido, de lo engendrado adentro. El sacerdote no tiene derecho a defraudar el hambre espiritual de sus hermanos.

Queridos hermanos, en esta institución de la Eucaristía yo encuentro los gestos sacerdotales de Cristo. Cristo que preside la Eucaristía, que celebra el Pan y el Vino, Cristo que habla, Cristo Profeta. Su Palabra es exhortación: ámense los unos a los otros. Su Palabra es plegaria: Padre que sean uno como nosotros somos uno. Y es Cristo que sirve, que se inclina a lavarles los pies a los Apóstoles. Esta es la vida sacerdotal.

El sacerdote es el profeta, es el que habla, el que dice una palabra de Dios para las almas que tienen hambre de Dios. El sacerdote es el que habla con Dios en nombre de los hombres. No se pertenece y no le pertenece su doctrina; es de Cristo y para los hombres; tiene que asimilarla, rumiarla, engendrarla, vivirla. Y luego es el hombre que sirve, el hombre que debe tener una capacidad muy grande para entender a los hermanos y vivir su misma angustia y esperanza; una gran capacidad, un gran corazón.

Queridos hermanos, yo pediría hoy que rezaran muy particularmente por los sacerdotes. Tal vez la imagen que estamos dando sobre todo en este momento, los defraude. 
Yo lo que quiero decirles es que lo que instituyó Cristo es algo extraordinariamente grande y divino puesto en moldes muy frágiles y muy de barro. Pero las palabras, los gestos, la presencia, son del Señor, ¡son del Señor! Recen para que los sacerdotes seamos nada más que la imagen sencilla, simple, servidora de Cristo. Que seamos como el paso del Señor en la historia.

El mandamiento nuevo
Por último, hoy recogemos un mandamiento de amor: ámense los unos a los otros como Yo los he amado. Lo nuevo aquí es porque Cristo nos amó, como Cristo nos amó. ¡Esto es lo nuevo! Porque desde el principio los hombres debíamos amarnos los unos a los otros. 

¡Cómo lo hemos olvidado, cómo lo estamos olvidando! Amarnos como Cristo nos amó y Cristo nos amó en la totalidad de los hombres. 
Cristo amó a los niños y a los no niños, amó a los pobres y a los ricos, amó a los pecadores y a los justos; tuvo su predilección por los niños, por los pobres, por los enfermos, por los pecadores. 
Pero el amor de Cristo no es excluyente: ama a los pobres pero nunca los ama contra los ricos, ama a los pecadores pero nunca los ama contra los justos. El amor es siempre con alguien, en comunión; nunca es en contra de nadie. Amar como Cristo hasta dar la vida: no hay amor más grande que el de aquel que da la vida por el amigo

Dar la vida una vez y para siempre es quizá relativamente fácil, en un momento solemne… ¡Darla cotidianamente! 
Con la vida de Dios en nosotros. Darla cotidianamente en la actitud sencilla y cotidiana de servicio, en la palabra buena que podamos dar, en el sencillo gesto de amistad con que acompañamos a nuestros hermanos. ¡Eso es dar la vida!

Dar la vida es tratar de tener una capacidad muy grande para intuir el problema de los demás, para crear el bien en los demás, para darnos a los demás. Porque el amor es intuición, es donación, es creación.

El amor es intuición. ¿No es cierto que cuando dos personas se aman no necesitan hablarse mucho porque enseguida se entienden? ¡El amor es intuición! Amar como Cristo nos amó es intuir la necesidad del hermano.

Amar es creación. Por eso cuando dos esposos se aman bien, crean. Crean una comunión espiritual entre ellos, crean después el fruto del amor en el hijo. El amor es siempre una creación. Cuando amamos bien ponemos el bien en el corazón de nuestros hermanos. Amar bien a una persona es hacerla más buena, es contagiarle un poco el Cristo que nosotros hemos encontrado, la alegría y la esperanza que a nosotros nos ha dado Cristo.

El amor es donación, es entrega total de nosotros mismos.
Mis queridos hermanos, no más. Que el Señor nos enseñe hoy a amar de veras. 
Que nos pongamos todos en esta celebración de la Eucaristía, en el Jueves Santo de 1971. Que nos pongamos todos en actitud de decirle al Señor: gracias Señor por la Eucaristía que nos has dado. Queremos vivirla siempre como comunión fraterna, como entrega, como esperanza. Gracias Señor por los sacerdotes que nos has dado. 
Comprendemos su debilidad y su miseria. Reaccionamos comprometiendo nuestra vida para que sean luz y sean sal y sean fermento de Dios. 
Gracias Señor por la lección sublime que nos has dado, porque Tú has muerto y nos has enseñado cómo se ama hasta el final. 
Que los hombres comprendamos de una vez por todas que si no amamos así el mundo no se salva. Que así sea.
+EDUARDO CARDENAL PIRONIO


sábado, 8 de abril de 2017

No quiero sufrir… ¡¿por qué Dios en la cruz?!

Es muy importante purificar en Dios el subconsciente
Con frecuencia me pregunto por el verdadero sentido de la vida. Tantas personas llegan a mí llenas de dudas. Se preguntan conmovidas: “¿Voy por el buen camino?”. Como si dudaran del sentido de su entrega, de sus sacrificios pequeños y grandes, de sus renuncias y esperanzas guardadas en el alma.
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Dudan y tienen certezas. Es propio del alma que sueña con lo eterno. Es la vida una sinfonía en la que yo sólo toco mi propia parte musical. Con mi instrumento. Con mi fragilidad. Tal vez de forma desentonada.
Pero seguro que al escuchar el todo cada pieza encaja. En Dios, claro, no en mi alma tan pequeña. Yo sólo sueño un día con escuchar completa esa melodía lograda que no acabo de comprender cuando contemplo el mundo tan herido y roto. Sin armonía.

Quisiera poder ver su mano barajando el amor entre hombres rotos, sanados, sostenidos. Jugando con mis manos. Desplegando en mis palabras su fuerza sanadora. Deseo que la paz reine un día en el corazón confuso del hombre. Y su reino se vea más de lo que ahora soy capaz de percibir en medio de tanta guerra.

Y quiero rebelarme. Y gritar que deseo que mi Dios haga algo. Que se vea su poder. Mi grito suena como esa voz apenas audible en los labios de Judas cerca ya del Calvario. O como ese gesto esquivo de Pedro que no quería ser lavado por Jesús en su última cena.

Decía Jean Vanier: “A Pedro le cuesta comprender a Jesús. No soporta el sufrimiento y la debilidad. Quiere un Jesús fuerte que va a realizar su misión con éxito. El sufrimiento es lo que no queremos. Tenemos miedo del sufrimiento. Ser vulnerable significa tener miedo de ser abandonado. No queremos el sufrimiento. Jesús vino a traernos algo nuevo en relación al sufrimiento. No lo elimina. Aunque hizo todo por sostener a los apóstoles para que ayudaran a la gente en su sufrimiento. Lo que prometió no fue suprimir el sufrimiento sino dar una fuerza nueva para soportarlo y descubrir un sentido nuevo al sufrimiento. Puede ser fuente de vida”.
Sueño con esa sinfonía en la que las notas no son cruces y los acordes llenos de armonía son belleza sin sangre. Y yo veo la fealdad y me aturde el dolor. Me confunden el pecado y la muerte. Y mi propio dolor turba mi ánimo.
¡Cómo seguir caminando en medio de tantas cruces! ¿Por qué no puedo evitar el fracaso y la muerte? Es como si quisiera jugar a ser Dios en medio de mi vida. El poder de cambiar la realidad que me rodea.

He escrito muchas palabras con mis dedos. Algunas las he repetido ya muchas veces. Pero no creo que mi palabra pueda crear la vida. Sólo las palabras de Jesús guardan en su interior la semilla de lo eterno.
Mi palabra es frágil. Se eleva en un vuelo apenas perceptible. Vuela unos segundos en los que yo la veo. Y luego cae abatida por el paso del tiempo. Me cuesta pensar que mi vida sea como esa palabra que se eleva altiva para caer sin aliento. O tal vez sí mi vida es un acto valiente de entregarlo todo por un sueño eterno.

Me uno a las palabras de una persona que rezaba: “Querido Jesús. En tu roca herida inscribo mi vida herida. Me conoces. Sabes que soy frágil. Que no soy capaz de besar mi cruz. Me da miedo. Tengo tantos miedos. A perder lo que tengo. A perder la fama. A no tener éxito. A perder la salud. Todo me da miedo. A veces hasta Tú me das miedo. Lo sabes. Perdóname. Te pido que me sostengas. Te necesito. Porque no es fácil el camino. Me da miedo. Yo soy débil. Me escogiste débil. Eso es un regalo. Conmigo puedes hacer algo. Eso espero. Con mi vida pobre. Tú escrutas mi corazón. Lo llevas en el tuyo. En tu corazón herido mi vida se llena de paz”.

Mi miedo al fracaso, al olvido, al sufrimiento que tantas veces rehúyo… Me asusta entregarle la vida a Dios en un acto de renuncia. La sujeto con manos firmes, para que no se escape. La ato al presente para que no se hunda. No quiero quedarme solo. No quiero perder la esperanza.
En medio de tanta muerte cuesta ver la luz de una vida que no tiene fin. De un amor más fuerte que el odio. Camino firme, seguro. No me convence mi razón al marcarme un camino seguro. No lo pretendo. Mi corazón tiene tanta fuerza… Necesito que Jesús se abra paso en lo más hondo de mi alma para guiar lo que vive en mi subconsciente.

El padre José Kentenich decía: “En nuestros días se observa, en la naturaleza humana, un fuerte afloramiento de lo irracional, de lo subconsciente. Hacemos, en primer lugar y con mayor intensidad, lo que deseamos a nivel subconsciente que lo que queremos a nivel consciente. Así ocurre hoy sin duda y así nos sucede también a todos nosotros. En relación con nuestra educación y la educación de los valores trascendentes, es muy importante purificar, transfigurar y embeber en Dios el subconsciente del hombre, nuestra propia psiquis”[1].
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Quiero que su luz penetre hasta los pliegues más ocultos. Hasta las aguas más hondas en cuyo interior apenas me reflejo. Quiero dejarle entrar a Él para que logre en mí ese orden que yo no consigo. Ese orden armónico que tal vez sólo en el cielo veré posible.


Aquí sigo tocando con pasión la parte que me toca en esa sinfonía. Me gusta mi parte tosca. Lo hago desde mi torpeza. Apenas empiezo con ritmo. No sé si lograré acabarlo todo. Me pongo en camino. No le tengo miedo a la vida. Me apasiona vivir.

martes, 4 de abril de 2017

NO ME LLAMAN, NO ME VISITAN

No sufras y hazlo tú
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Me fui una mañana a caminar por el pueblo mientras rezaba el Rosario. Me gusta mucho recorrer las calles e ir pidiendo por las familias que viven por donde voy pasando. Me imagino que cada Avemaría es una flor para la Virgen y que las voy sembrando por todos lados.

Y esa mañana fue muy especial, porque me encontré a doña Lucía que venía de comprar pan dulce con don Chencho, que por cierto es el mejor pan de por aquí gracias a su horno de leña.
– Buenos días Padre, ¿a dónde camina con tanto frío?
– Me vine a rezar el Rosario un ratito, ¿usted gusta?
– No, Padre, dejé la leche en la lumbre, mejor cuando acabe véngase a desayunar.

Y así fue, en cuanto acabé me regresé a disfrutar una taza bien caliente de chocolate con un pancito muy sabroso. Ya en la plática le pregunté a doña Lucía y su esposo:

– ¿Y cómo han estado? ¿Qué me cuentan?
– ¡Ay Padre! Pues con la pena de que nuestros hijos nomás no se acuerdan de nosotros, me acabo de disgustar con ellos, nunca nos vienen a visitar y menos nos hablan, todo el tiempo tenemos que estar llamándolos e invitándolos nosotros, solo así los podemos ver.
Los puse a prueba hace dos meses y ni siquiera nos han buscado para ver si seguimos vivos.

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– ¿Y ya les preguntó por qué nunca llaman?
 Pues dicen que se les olvida y que aunque no nos llamen nos quieren mucho, pero para que queremos amor si se les olvida dárnoslo. Rece mucho por nosotros, tenemos unos hijos medio ingratos.

No me sorprendió que se sintiera así. He escuchado a muchas personas que se quejan y entristecen de lo mismo, sienten que no importan a sus papás, hijos, amigos…
Hace poco me decía una señora joven que decidió ya no saludar a su esposo porque siempre tenía que tomar ella la iniciativa, y bueno, en resumen tienen 10 días sin hablarse… Y lo más interesante es que su esposo vino a decirme que sentía que su esposa estaba enojada porque ya no le hablaba, pero le daba pena preguntar qué había hecho.

Todo esto me hace pensar en nuestro Señor Jesús. Cuentan los evangelios que nunca estaba quieto, que andaba por todos lados anunciando la Buena Noticia… Imagina si se hubiera sentado en su casa a esperar a que lo buscaran… ¡Pues no nos habría salvado! Pero no, Él sabía muy bien que su Padre le dio un don y tenía que compartirlo.

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Sufrimos porque no ponemos en práctica los dones que Dios nos ha dado. Doña Lucía sufre pues sus hijos no la visitan por su propia iniciativa, aunque cuando está con ellos es muy feliz, pero como no comprende que sus hijos no tienen el don de convocatoria decide no aprovechar su propio don y elige sufrir. La esposa de Carlos es la alegría en vida, pero no se da cuenta de que si bien tiene al marido más fiel, también es el más tímido del pueblo.

No te quedes solo, si a tu esposa, hijos, amigos o conocidos no se les ocurre llamarte o visitarte. No sufras y hazlo tú, no tengo la menor duda de que el buen Dios te dio muchos dones para que lo uses: llama, acércate e invita…


sábado, 1 de abril de 2017

NO RENUNCIES

No renuncies
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No renuncies...cuando el camino que llevas te parezca cuesta arriba.
 
Cuando quieras sonreír y sólo suspiras, cuando el tiempo te presiona,
descansa si es posible, pero no renuncies.
 La vida es clara en sus virajes que muchos soportan y otros esquivan.
 Muchas veces la meta está más cerca de lo que parece...
 
Muchas veces el luchador se da por vencido, cuando está a punto de
alcanzar la victoria y aprende, ya tarde que estaba a punto de lograrlo.
 Por lo tanto, no abandones la lucha aunque te golpee fuerte.
 Cuando las cosas parecen peor, es precisamente cuando no se
debe renunciar.
 Autor Desconocido
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En nuestras  vivencias  diarias nos encontramos con diferentes facetas de la  vida, muchas de ellas parecen ser  tan  duras de poder  superar que hasta el mismo  cielo  parece  caerse con todo su  peso.
Nuestra cabeza  quiere  explotar queriendo entender por qué… lógicamente la  cabeza muchas  veces  traiciona  al sentido  común.
De una cosa estoy seguro que el camino que nos  toque habrá que digerirlo sin  más, sin vueltas, sin demasiadas preguntas, solo  mirando  lo que existe  por  delante.

Cada día  es un nuevo capítulo  de nuestra vivencia personal, por eso a ti te digo mira con  esperanza y  fe todo aquello que te  toca  vivir y  sobre todo  reza.


miércoles, 22 de marzo de 2017

PREGUNTEN LO QUE QUIERAN SABER SOBRE LOS CURAS....

“Pregunten lo que quieran saber sobre los curas. Responderé lo que pueda”
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¿Cuánto cobran? ¿Tienen que celebrar misa todos los días? ¿Pueden incardinarse donde quieran?...
¿Cuánto cobra un cura? ¿Los sacerdotes tienen que celebrar misa todos los días? ¿Alguna vez ha sentido ganas de dejar el sacerdocio? fueron algunas de las preguntas que los tuiteros lanzaron al padre Declan, activo sacerdote tuitero de la diócesis de Cuenca que se sometió a un consultorio en los jornadas previas al día del Seminario.
“Preguntad lo que queráis saber sobre los curas. Responderé lo que pueda”, tuiteó.
La propuesta generó un aluvión de comentarios, los primeros fueron de ánimo por la que se le venía encima: “Qué valiente padre”, “suerte”, “pater, dónde se mete”, “en menuda te has metido. God bless the insensatos”.
Acto seguido llegó la primera cuestión, de Aurora Pimentel, que preguntaba si “los sacerdotes deben celebrar Misa todos los días”. “No tienen obligación, para no generar innecesarios problemas de conciencia. Pero el magisterio lo recomienda vivamente”, contestaba Declan.
Tras la pregunta de Aurora llegó otra cincuentena de cuestiones. “Si el pecado confesado es grave, ¿el confesor no puede siquiera comentarlo con un colega o superior?”, preguntó otro tuitero. La respuesta del sacerdote, clara e inmediata: “el sigilo sacramental es absoluto”.
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Y otra: “Padre, ahora que escasean las vocaciones, ¿ve cerca el debate sobre el celibato?“. “Las Iglesias protestantes, sin celibato, tienen el mismo problema vocacional”, contestaba Declan.
El sacerdote no rehuyó ninguna pregunta.
Ni las inconvenientes: “¿Los curas se tocan?”, preguntaba la cuenta del magazine Jot Down Spain, que tiene 232.000 seguidores. “Sabemos que está mal. Si buscas ese consuelo físico, pues a arrepentirse y empezar de nuevo. Puede ser indicativo de que algo no va bien, de desequilibrio afectivo, de inercia de costumbres adquiridas…una tarea, trabajar en conocerse mejor a uno mismo”.
Ni las personales: “Padre, ¿ha sentido alguna vez ganas de dejar el sacerdocio?”. “Sí, en una ocasión personal muy difícil, donde me sentía desubicado y sin claridad sobre el sentido de mi vida y misión. Me ayudó mucho la oración, y hablarlo en confianza con otro sacerdote”, contestaba el padre Declan. “Muchas gracias por su tiempo. Y por hacer visible a la Iglesia en tuiter”, volvía a escribir el tuitero.
La rueda de prensa improvisada terminó con el padre Declan dando “gracias a todos por vuestras preguntas. Me ha recordado muchas cosas y estoy muy contento”. Y añadía: “Los curas somos peculiares dentro de nuestra más absoluta normalidad. Necesitamos vuestras oraciones. Por nosotros y por los que vendrán”.
Otras preguntas de los tuiteros al sacerdote
P: “¿Cuánto cobra de media un cura español?”
R: “Cada diócesis es autónoma, pero por lo que sé, entre 700 y 1000€. En mi diócesis el mínimo es el SMI, al que se añaden complementos por circunstancias u oficios concretos. Nunca puede superar los 1300. El resto va al fondo común. Por ejemplo, si eres profe de Insti a tiempo completo, y percibes lo similar al resto de profesores, te quedas hasta el máximo estipulado, y el resto se entrega al fondo común”.
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P: “Un sacerdote incardinado en una diócesis, ¿puede incardinarse (cambiarse a otra) en otra por su deseo únicamente?”
R: “Tiene que haber razones objetivas, se deben sopesar, y deben acordarlo ambos obispos”.
P: “La figura de director espiritual: para quienes y por qué?”
R: “Es una persona con experiencia y conocimientos de vida cristiana que ayuda a discernir lo que Dios nos va pidiendo. Y es para cualquier cristiano. El papa Francisco insiste mucho en que hay que acompañar y dejarse acompañar”.
P: “Pater xfis la propuesta de admitir casados pre-ordenación, los ya ordenados quedan fuera, ¿no? ¿ Cómo va?”
R: “Eso ya existe, pero solo si cesa la cohabitación, y si los hijos/mujer tienen la vida resuelta. De lo otro ni siquiera sabía que se plantea”.
P: “Alguna vez ha tenido que aguantarse la risa en el confesionario?”
R: “No sólo me he tenido que aguantar, sino que a veces me he reído a placer (si era oportuno, claro)”.
P: “¿Puede el pueblo pedir el traslado de su párroco? ¿Y qué razones hay que presentar? ¿Conlleva investigación del obispo, visita pastoral…?”.
R: “Puede pedirlo al obispo, sí. Lo primero es ver si hay razones objetivas, garantizar el derecho de defensa del sacerdote, contrastar. Puede mandar un visitador. Incluso se puede hacer una investigación por medio del tribunal diocesano, y llegado el caso, si se resiste al traslado, un proceso de remoción”.
P: “Hay marcas pijas de ropa de cura, un Prada de los alzacuellos que provoque vanidad?”
R: “Las hay. De vestir y de ornamentos. Y sastrerías eclesiásticas de fama mundial en el gremio. Sobre todo italianas :)))”.
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Por José Calderero @jcalderero  (FUENTE: .aleteia.org)
#sacerdotesyvida  #oracionyvida #saludmental #vocaciones #vidaconsagrada

viernes, 17 de marzo de 2017

DIA DEL SEMINARIO



Recuerda: El Día  del Seminario  es el Día  de  Todos los Comprometidos con las Vocaciones Sacerdotales  y a la Vida Consagrada. 

Reza por  Cada  uno  de Nosotros para  que  Cada Día  Seamos mas  dentro la Viña del Señor.

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martes, 14 de marzo de 2017

SOMOS CATEQUISTAS



Una vocación es un regalo de Dios, pues como él dijo "yo los he elegido". Cuando decimos sí a Dios, hemos de saber exactamente que hay en ese sí. Sí significa (me entrego) total y absolutamente, sin calcular el precio, sin hacer ningún análisis ni cuestionamiento ¿está bien esto? ¿es conveniente? Nuestro sí a Dios se da sin ninguna reserva. El amor inmenso no mide sólo se da.

La entrega total a Dios debe expresarse en pequeños detalles.
La entrega total supone una amorosa confianza en él y para esa entrega total debemos abandonamos sin límites en sus brazos.
Debemos afianzar nuestra pertenencia a Jesús, porque solo él merece nuestro amor y entrega total. Nuestra tarea debe ser realizada con un corazón humilde, con la humildad de Cristo, él nos utiliza para que seamos su compasión y amor en el mundo a pesar de nuestras debilidades y flaquezas. No importa cuanto damos, lo que importa es cuanto amor ponemos en lo que damos.

Que maravillosas palabras  del Santo Padre en el que no solo hace  un llamado a los  catequistas, sino también hacerles comprender el sentido de ser catequistas... no olvidemos  todos somos  catequistas  no solo los curas y monjas, cada uno de nosotros  somos  catequistas en la  vida cotidiana.

Sean  pues  catequistas en este  tiempo de  gracia que  es la Cuaresma un camino a seguir  conociendo el amor de Dios.

miércoles, 1 de marzo de 2017

MENSAJE PAPA FRACISCO CUARESMA 2017


Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).

La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc16,19-31). 

Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.

1. El otro es un don
La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado.

La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal. Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016).

Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.

2. El pecado nos ciega
La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». 

Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado. La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado. Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía, 20 septiembre 2013).

El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.

La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir. Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62).

El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación.

Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).

3. La Palabra es un don
El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática. El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7).

También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios. Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios.

El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua. Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.

La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31).

De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo. La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.

Vaticano, 18 de octubre de 2016