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lunes, 30 de noviembre de 2009

ANIVERSARIO SAN ANDRES APOSTOL TORRES

El Apóstol Andrés es un hombre sencillo, tal vez también pescador como su hermano Simón, buscador de la verdad y por ello lo encontramos junto a Juan el Bautista. No importa de dónde viene ni qué preparación tiene. Parece, por lo que conocemos de él en el Evangelio, que entre otras muchas cosas algo que va a hacer es convertirse en un anunciador de Cristo a otros.

"He ahí el Cordero de Dios" (Jn 1,36). Estando Andrés junto a Juan el Bautista escucha de él estas palabras. De repente se siente inquieto por ellas y se va con Juan tras Jesús. Él les pregunta: ¿Qué buscáis?, a lo que ellos le dicen: ¿Dónde vives?. Jesús entonces les dice: "Venid y lo veréis". Ellos fueron con Jesús y se quedaron con Él aquel día. Ha sido Juan el Bautista quien les ha enseñado a Cristo, y antes que nada Andrés ha querido hacer personalmente la experiencia de Cristo. Estando junto a él ha descubierto dos cosas: que Cristo es el Mesías, la esperanza del mundo, el tesoro que Dios ha regalado a la humanidad, y también que Cristo no puede ser un bien personal, pues no puede caber en el corazón de una persona. A partir de ahí, la vida de Andrés se va a convertir en anunciadora de Dios para los demás hasta morir mártir de su fe en Cristo.

"Hemos encontrado al Mesías" (Jn 1,41). La primera acción de Andrés, tras haber experimentado a Cristo, es la de ir a anunciar a su hermano Simón Pedro tan fausta noticia. Simón Pedro le cree y Andrés le lleva con el Maestro. Hermosa acción la de compartir el bien encontrado. Andrés no se queda con la satisfacción de haber experimentado a Cristo. Bien sabe que aquel don de Dios, a través de Juan el Bautista que le señaló al Cordero de Dios, hay que regalarlo a otros, como su Maestro Juan el Bautista hizo con él. Queda claro así que en los planes de Dios son unos (tal vez llamados en primer lugar) quienes están puestos para acercar a otros a la luz de la fe y de la verdad. ¡Gran generosidad la de Andrés que le convierte en el primer apóstol, es decir, mensajero, de Cristo, y además para un hermano suyo!

"Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús" (Jn 12,20). Se refieren estas palabras a una escena en la que unos griegos, venidos a la fiesta, se acercaron a los Apóstoles con la petición de ver a Jesús. Andrés es uno de los dos Apóstoles que se convierte en instrumento del encuentro de aquellos hombres con Cristo, encuentro que llena de gozo el Corazón del mismo Jesús. ¿Puede haber labor más bella en esta vida que acercar a los demás a Dios, se trate de personas cercanas, de seres desconocidos, de amigos de trabajo o compañeros de juego? Sin duda en la eternidad se nos reconocerá mucho mejor que en esta vida todo lo que en este sentido hayamos hecho por los otros. Toda otra labor en esta vida es buena cuando se está colaborando a desarrollar el plan de Dios, pero ninguna alcanza la nobleza, la dignidad y la grandeza de ésta.

El Apóstol Andrés se erige así, desde su humildad y sencillez, en una lección de vida para nosotros, hombres de este siglo, padres de familia preocupados por el futuro de nuestros hijos, profesionales inquietos por el devenir del mundo y de la sociedad, miembros de tantas organizaciones que buscan la mejoría de tantas cosas que no funcionan. A nosotros, hombres cristianos y creyentes, se nos anuncia que debemos ser evangelizadores, portadores de la Buena Nueva del Evangelio, testigos de Cristo entre nuestros semejantes. Vamos a repasar algunos aspectos de lo que significa para nosotros ser testigos del Evangelio y de Cristo.

En primer lugar, tenemos que forjar la conciencia de que, entre nuestras muchas responsabilidades, como padres, hombres de empresa, obreros, miembros de una sociedad que nos necesita, lo más importante y sano es la preocupación que nos debe acompañar en todo momento por el bien espiritual de las personas que nos rodean, especialmente cuando se trata además de personas que dependen de nosotros. Constituye un espectáculo triste el ver a tantos padres de familia preocupados únicamente del bien material de sus hijos, el ver a tantos empresarios que se olvidan del bienestar espiritual de sus equipos de trabajo, el ver a tantos seres humanos ocupados y preocupados solo del futuro material del planeta, el ver a tantos hombres vivir de espaldas a la realidad más trascendente: la salvación de los demás.

El hombre cristiano y creyente debe además vivir este objetivo con inteligencia y decisión, comprometiéndose en el apostolado cristiano, cuyo objetivo es no solamente proporcionar bienes a los hombres, sino sobre todo, acercarlos a Dios. Es necesario para ello convencerse de que hay hambres más terribles y crueles que la física o material, y es la ausencia de Dios en la vida. El verdadero apostolado cristiano no reside en levantar escuelas, en llevar alimentos a los pobres, en organizar colectas de solidaridad para las desgracias del Tercer Mundo, en sentir compasión por los afligidos por las catástrofes, solamente. El verdadero apostolado se realiza en la medida en que toda acción, cualquiera que sea su naturaleza, se transforma en camino para enseñar incluso a quienes están podridos de bienes materiales que Dios es lo único que puede colmar el corazón humano. ¿De qué le vale a un padre de familia asegurar el bien material de sus hijos si no se preocupa del bien espiritual, que es el verdadero?

Hay un tema en la formación espiritual del hombre a tener en cuenta en relación con este objetivo. Hay que saber vencer el respeto humano, una forma de orgullo o de inseguridad como se quiera llamarle, y que muchas veces atenaza al espíritu impidiéndole compartir los bienes espirituales que se poseen. El respeto humano puede conducirnos a fingir la fe o al menos a no dar testimonio de ella, a inhibirnos ante ciertos grupos humanos de los que pensamos que no tienen interés por nuestros valores, a nunca hablar de Cristo con naturalidad y sencillez ante los demás, incluso quienes conviven con nosotros, a evitar dar explicaciones de las cosas que hacemos, cuando estas cosas se refieren a Dios. En fin, el respeto humano nunca es bueno y echa sobre nosotros una grave responsabilidad: la de vivir una fe sin entusiasmo, sin convencimiento, sin ilusión, porque a lo mejor pensamos eso de que Dios, Cristo, la fe, la Iglesia no son para tanto.

viernes, 27 de noviembre de 2009

el valor de la amistad


este  video es  subido por los chicos de  confirmacion
apendamos de estos animales  que son mas  humanos  que  muchos  no os parece
gracias por demostrarnos  lo  importante que es la  amistad 
busquemos  ser  siempre  ser amigos  por siempre
GRUPO DE CONFIRMACION   2009  SEGUNDO  AÑO
NOELIA,  CAROL, JAVIER, RAQUEL  ......

CONSEJOS PARA HACER INFELIZ A SU HIJO

1. Empiece desde muy temprano dándole a su hijo (a) todo lo que pida. De esta manera crecerá pensando que la vida le debe todo a él.

2. Cuando diga sus primeras malas palabras, ríase y celébreselas. Esto le hará pensar que es ingenioso y además lo entusiasmará y motivará a usar frases aún más "celebres" cuando sea grande.

3. Nunca le hable de Dios ni de su vida espiritual, ni de religión. Espere a que tenga mayoría de edad para que él decida por si mismo.


4. Evite el uso de la palabras "mal hecho". Podría llenarlo de grandes sentimientos de culpa. Esto lo condicionara a creer mas adelante , cuando se arrestado por robar, que la sociedad esta en contra de él y por lo tanto esta siendo perseguido injustamente.

5. Recoja todo lo que deja botado: libros, zapatos, juguetes, ropa. Haga todo lo posible para evitarle responsabilidades para que así aprenda a "botarle la responsabilidad de sus actos" a otros.

6. Déjelo leer todo lo que llegue a sus manos. Esterilice y limpie cubiertos y vasos pero deje que su mente se alimente de basura.

7. Pelee con frecuencia en presencia de sus hijos. De esta manera no habrá sorpresas más adelante cuando su hogar se acabe.
8. Déle a su hijo toda la plata que quiera. Nunca lo deje ganarse un peso por si mismo. Después de todo, Porque ha de tocarle a él tan difícil como le fue a Usted?

9. Satisfaga todos sus deseos en materia de comida, bebida y comodidad. Asegúrese que todo deseo sensual sea gratificado. Privarlo de todo esto puede llevar a su hijo a grandes traumas y frustraciones.

10. Bríndele su apoyo incondicional en contra de vecinos, profesores y otras figuras de autoridad. Todos estos pueden estar en contra de su pobre hijito y usted debe defenderlo.

11. Cuando su hijo se meta en problema serios, discúlpese diciendo "Yo nunca pude con este hijo".

12. Prepárese para una vida de dolor. Lo mas probable es que tanto su hijo como usted sean bastante desdichados.

martes, 24 de noviembre de 2009

Sacerdote, el mediador entre Dios y sus hermanos



Dos manos tiene el sacerdote al servicio de sus hermanos: una es para agarrarse fuertemente de Dios, la otra para tenderla a los necesitados.

Sube al altar más ricamente vestido que un Rey.

Sube más acicalado que un Príncipe.

Es más contemplado que un actor Célebre.

Hacia él se vuelven los Ojos y las Luces.

Hacia él humean los Incensarios.

Sea Hermoso o Feo, siempre es Hermoso.

Sea Alto o Bajo, siempre es Alto.

Pero aun con todo esto, no se cruza, sin embargo, por el espíritu de sacerdote alguno, la creencia de que todos esos homenajes se dirigen a él, de ninguno se ostenta, ni se jacta, ni tira besos al público. El mismo esplendor de su casulla lo esconde.

Todo esto se debe a que el Sacerdote, es formado del mismo barro de todos los seres humanos, es escogido de la misma tierra donde crecen la flor y el espino, los buenos y los malos.

Pues dos manos tiene el Sacerdote al servicio de sus hermanos y hermanas:

Una es para agarrarse fuertemente de Dios.

La otra para tenderla a los necesitados.

El Sacerdote es el mediador entre Dios y sus hermanos; es mensajero de Salvación, es canal de Dios.

Para que el Sacerdote pueda cumplir bien su misión tendrá que estar muy bien enraizado en Dios para transmitir mejor la vida del dador de todos los dones.

Dios sigue necesitando de todos los seres humanos al servicio de los otros.

Más aún necesita de Sacerdotes llenos de Fe, de Amor y Esperanza, que sirvan de cauce para que su Gracia circule y la Buena Nueva sea anunciada en un lenguaje actual, que valla acorde con los signos de los tiempos.

lunes, 23 de noviembre de 2009

preparacion al adviento PRIMERO

Introducción al Adviento


Empezamos un nuevo año litúrgico. Este año litúrgico corresponde el Ciclo C. El inicio de un año litúrgico no empieza con celebraciones solemnes, como las que caracterizan el comienzo del año civil, el escolar o el judicial, sean éstas populares o académicas. Ni siquiera con grandes celebraciones litúrgicas. Se comienza el año anunciando esas celebraciones. Lo empezamos con un tiempo de preparación para una gran fiesta, la Navidad. Es el adviento. Tiempo que llamaríamos humilde, que no tiene valor en sí mismo, sino en función de la Navidad. Para celebrar de verdad la Navidad es necesario “estar en lo que se celebra” Eso exige una preparación. Exige un tiempo. Tiempo de reflexión sobre: quién es el que esperamos; quién realmente va a nacer; para qué nace y se hace presente entre nosotros.


Todos sabemos las connotaciones ajenas a la celebración litúrgica que tiene la Navidad. No se trata de condenarlas sin más; pero sí que no ocupen el protagonismo en nuestras preocupaciones cristianas. Vamos a dejar tiempo a la reflexión y a tratar de responder a las preguntas que la Navidad nos plantea. Adviento es el tiempo de ir al centro de lo que es la Navidad. Sabemos que las celebraciones navideñas no se pueden improvisar, es necesario tomarse tiempo para felicitar, comprar, buscar regalos, preparar, quizás, viajes... ¿No será necesario dedicar tiempo para la celebración real, la espiritual, la litúrgica? Es imprescindible vivir el adviento si queremos vivir en cristiano la Navidad.

Preparación que además de la reflexión sobre lo que se celebra tiene que ser tiempo de penitencia, es decir, de revisar nuestra vida y ver lo que haya que purificar para estar bien dispuestos para la fiesta. Tiempo de un cierto ascetismo. Frente al consumismo navideño proclamemos que sabemos vivir, y vivir felices con menos, que sabemos decir no a lo que no es imprescindible. Tiempo de pensar en quienes tienen serias dificultades para celebrar la Navidad, a causa de sus problemas sociales, familiares, de salud, o por su situación económica. ¿Qué hacer para que ellos celebren también la Navidad?

Tiempo, siempre de gozo, porque nada puede alegrarnos más que prepararnos con entusiasmo para acoger entre nosotros, al Salvador hecho niño. Dispongámonos, pues, a celebrar la realidad más gozosa de nuestra condición humana: Dios asume nuestra misma naturaleza, nuestra historia, vive entre nosotros, es uno de los “nuestros”, o mejor, nosotros somos de los de Él.

sábado, 21 de noviembre de 2009

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

“El pasaporte para el Reino de Dios

está en el amor y el servicio
que realizamos en el nombre de nuestro Señor Jesús…”


Este 22 de noviembre, en toda la Iglesia celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Luego de todo un periodo de espera y anuncio de lo que será el fin del proyecto de Dios, ¡cuando todo por fin se haya cumplido! y efectivamente Cristo sea Rey; esta fiesta se sitúa oportunamente en el último domingo del Año litúrgico y viene a recapitular y orientar todo el sentido de la liturgia, impulsándonos e invitándonos a anticipar su Reino.

Apoyados de la biblista Marie Noelle Thabut profundicemos el sentido de la fiesta de Cristo Rey… que se estableció y fundamentó en la encíclica Quas Primas, de Su Santidad Pío XI, en 1925.

Ella nos refiere que el Padre Nuestro, es como un método “Assimil” de la oración…En su caso es el hebreo, cada día, aprende tres pequeñas palabras del vocabulario y poco a poco, lenta y humildemente, está aprendiendo a pensar en ese idioma. Y es que para ella, con el Padre Nuestro, ¡aprendemos a pensar y hablar en el idioma del Padre! Decimos: ¡Que venga a nosotros tu Reino! ¡Que se haga tu voluntad! ¡Santificado sea tu nombre! Todo ello, en alguna medida ya está allí. Dios es rey y su nombre es santo. Sin embargo nos toca reconocerlo como tal. Y es el Padre Nuestro, el que nos enseña a desear que esto llegue. Y es eso lo que Jesús quiere hacer de nosotros, personas deseosas de su reino. Porque si lo deseamos, llegará más rápido. Y lo sorprendente es que “Dios nos confía esto y Él quiere que participemos…”

Está claro para nosotros que Jesucristo es Rey, por derecho. Y los salmos expresan muy bien que Dios es rey de la Creación, de su pueblo, por la alianza; y que un día será Rey del Universo. Sin embargo, el reino de Dios no está aún aquí, basta encender la radio o la televisión. Y sin embargo, ya está germinando y los evangelistas se han esforzado en decírnoslo: “el Reino de Dios ya está aquí, germinando…”

Ahora pasemos a algunas reflexiones de corte histórico que nos ayudarán a descubrir un poco más en la belleza de la Fiesta de Cristo Rey, y para ello sigamos acompañados de M. N. Thabut, a quien en una entrevista se le pregunta: ¿Y la venida del reino tiene sus raíces en la tradición judía?

A aquello que la idea que Dios es rey es muy antigua, M. N. Thibaut añade que se le reencuentra en la historia de los Jueces. Primero Gedeón que fue reconocido como alguien muy importante. Pero él responde:"¡No! El verdadero Rey, es Dios. Es el Señor que es mi rey. Yo no quiero ser rey".Luego, más tarde, Samuel, que es el último de los Jueces, es visitado por los ancianos de todas las tribus quienes le dicen: “Tú vas a darnos un rey, porque los pueblos que nos rodean, tienen reyes; es eso lo que los lleva a la victoria…Luchamos, sin grandes éxitos, por lo tanto, tú vas a darnos un rey.” Y Samuel responde: “Ni hablar, no voy a darles rey”. Dios es su Rey… Y más adelante dirá: "¡Verán lo que es un rey de la tierra! ¡Yo, me contentaría con un Rey del cielo!”

Aunque fue necesario resolver el asunto y Samuel tuvo que consagrar un rey, es Dios mismo quien le dice: “Ves, no quieren saber de mí como rey. Ofréceles un rey de la tierra”. Y es así como coronará a Saúl, luego vendrá David, después Salomón, etc. Sin embargo, en la coronación de cada rey, se les impondrá recordar que el verdadero rey es Dios. Como prescripción: “El rey deberá leer la ley entera todos los días para asegurarse de no apartarse de la ley de Dios… Los reyes no son más que los “propietarios de los lugares de Dios…”

Luego una aclaración muy acertada que tiene que ver con el Salmo 109, ¿recuerdan aquello de: “Siéntate a mi derecha, haré de tus enemigos, estrado de tus pies”? Pues bien, M. N. Thabut recuerda que fue en una visita al Museo del Cairo donde comprendió algo más el Salmo 109, al contemplar los tronos de Toutankhamon, con aquellos respaldares suntuosos. Pues bien, sobre los estrados, aparecen los guerreros enemigos encadenados, esculpidos o grabados. El día de la coronación, el joven rey sube a su trono y camina sobre los enemigos para aplastarlos. No se trata de violencia, es la seguridad para el pueblo. Si el rey tiene el poder, es para afianzar la seguridad de su rebaño.

Cuando se escribe el salmo 109, se habla aún del rey en términos de victorias militares, sin embargo, si vamos al Salmo 130, luego del exilio de Babilonia, en el siglo VI, una prueba bastante cruel, vemos a un Israel que regresa y que ha perdido toda ambición, pero que ha descubierto lo esencial. Y nos dice el Salmo 130: ¡Espera!, es decir, “Ten confianza.” ¿No estamos allí cerca de la fiesta de Cristo Rey? No hemos soñado por mucho tiempo un rey poderoso, glorioso… Y poco a poco, vamos perdiendo toda ambición política, y vamos a soñar solamente con la paz. Cuando Jesús llegue, vemos que el pueblo que lo rodea, que sueña hacerlo rey, al mismo tiempo sueña hacerlo políticamente, y Jesús los conducirá en todo momento a otro reinado, a otro Reino. Y eso, es totalmente extraordinario.

Y ya que hablamos de tronos, debemos decir que se ha necesitado de tiempo para admitir que La Cruz es el Trono de Cristo Rey…y nos falta aún más tiempo para hacerlo vida. Cristo es Rey, Cristo es Señor, Aquél a quien se esperaba, sin embargo vino, no como se le esperaba, y su trono, es la Cruz. Es allí que hemos visto a Dios amar al mundo, hasta el extremo…

En los primeros siglos, las cruces de nuestros ancestros no eran dolorosas. Jesús no aparecía sobre ellas, en su lugar había piedras preciosas. Parece ser que hasta el siglo VI, las cruces estaban adornadas de piedras preciosas porque se trataba del trono de Jesús. A partir del siglo VI, reponen la figura de Jesús. Pero con una corona que no era una corona de espinas, pero con corona de Rey. Es extraordinario. Y la cruz se presenta como un trono.

Y es que es sobre la cruz que hemos comprendido que es Dios y que aquella locura de Amor que lo habita es por nosotros. Comprendemos mejor la cita de Juan 14,9: “Quien me ha visto, ha visto al Padre.” ¡Sobre la Cruz hemos visto! Y porque hemos visto a Dios, finalmente vamos a convertirnos. Y en ese momento, se comprende la profecía de Zacarías que dice que nos convertiremos cuando hayamos visto al traspasado. La idea, es que sólo el camino de la cruz puede transformar mi corazón de piedra en corazón de carne.

M. N. Thabut enriquece esta reflexión con un recuerdo de su visita a Florencia. En el maravilloso convento de Fra Angélico, en todas las celdas de los hermanos monjes, hay una crucifixión. ¿Por qué? ¿No estará allí a raíz de la profecía de Zacarías? “Elevarán los ojos hacia aquel que han traspasado, y sólo aquello convertirá sus corazones de piedra en corazones de carne”. Si comprendemos esto, ya no veremos la Cruz del mismo modo. Y es que la Cruz es el instrumento de la verdadera revelación de Dios, el Dios que ama a los hombres, hasta el punto de perdonarlos, de mostrarles misericordia infinita…

Finalmente, nuestra acompañante nos invita a recordar el Evangelio de Lucas y episodios como aquel en el que Jesús en la Cruz dice: “Perdónales porque no saben lo que hacen” y más adelante el buen ladrón, a quien le bastó un solo movimiento de honestidad, de verdad… y a quien Jesús le dice: “Hoy mismo estarás conmigo es el paraíso…” Todos soñamos con escuchar aquello algún día… Y si seguimos, veremos que Pablo, el Saulo convertido dirá en la primera carta a Timoteo: " Estoy lleno de reconocimiento hacia Aquél que me ha hecho misericordia… ¡Es extraordinario! Él también lleva adelante esa “operación verdad” y anuncia el perdón, diciendo:”Déjense reconciliar…” Es algo que habitará a Pablo para siempre…

Pues bien, todas estas pequeñas reflexiones no hacen más que invitarnos a contemplar a Cristo Rey, en su trono, de amor, y no de dominación, ¡vale la pena! Sin embargo, entre los cristianos del Siglo XXI, podrán existir aquellos para los que el título de Cristo Rey suene como pasado de moda… ¿No será que lo que está pasado de moda son los modelos humanos? Para comenzar, Jesús, por cierto jamás reivindicó el título de rey terrenal. Ya lo dijo: “Mi reino no es de este mundo…” Él vino a servir, no a ser servido…

El Reino de Cristo “no es de este mundo”, sin embargo está en el corazón de este mundo. Es el Reino de la interioridad. Es más, ese Reino no está habitado por sujetos, soldados, funcionarios y una corte, está habitado por hijos. Y los “hijos del Reino”, como Jesús nos llama, estamos llamados a buscar la verdad…

Y como todo Reino, tiene una puerta y ésta se abre para nosotros en el Bautismo y en los sacramentos. Sin embargo, la entrada efectiva no se debe buscar solamente en la parroquia o en el secreto de nuestra oración. Esta funciona también en lo concreto de nuestra vida, en lo vivo de nuestro quehacer diario con sus miserias y esperanzas.

Conmemoremos la fiesta de Cristo Rey, deseosos que Venga a nosotros Su Reino, pidamos a nuestro Señor que nos permita hacer esos pequeños gestos de amor para que su Reino venga un poco más cada día, sabedores que el Reino está presente y en construcción cuando escuchamos a alguien pacientemente, cuando ofrecemos una sonrisa que ofrece ánimo, cuando compartimos alguna carga, en cada mirada respetuosa ofrecida llena de cariño, en cada gesto de paz y de reconciliación…

Jesús te ama.

“Somos embajadores del Reino de Dios…

Y como todo reino, tenemos “nuestro tesoro” que son, los pobres y humildes;

y todos aquellos seres humanos por los que Jesucristo

ha venido a servir y dar su vida.”

Compartiendo  reflexiones  interesantes  para  todos 

LA CALMA Y EL SILENCIO

LA CALMA Y EL SILENCIO


¿De qué sirve a un corazón tener calma en medio de la soledad?, ¿Acaso no es como que la calma que tiene un lago estancado en un valle?

Mas también, ¡qué grande es un corazón cuando en medio de las dificultades y los problemas conserva la calma y se viste con el silencio! Es como el torrente que resbala sereno por la ladera de la montaña.

Algunos van a lugares donde lo más que les molesta es el canto de un pajarillo, o el sonido que arranca el viento a las hojas de los árboles.

Y piensan: Estoy tranquilo y sereno en este lugar ya he alcanzado la calma y el silencio es amigo de mi corazón.

Pero cuando vienen al bullicio, sus pulsos se agitan y sus corazones se alteran, y sus pensamientos chocan con violencia en sus frentes, y yo les preguntaría:

¿Dónde guardaron la calma?, ¿Qué morada le prepararon en sus pechos que tan pronto se les fue?

Sepan que aquel que busca el silencio interior debe encontrarlo, en medio de los ruidos, de las voces y de los gritos, y tomándolo debe sentarlo en su corazón, al escucharlo ya no oirá hacia afuera sino hacia dentro.

Para buscar pues, la calma Interior, no vayan donde todo es calma, sino donde no hay paz, y sean ustedes la paz.

De esta forma la encontrarán al darla, y la tendrán en la medida en que vean que otros necesitan de ustedes para calmarse.

jueves, 19 de noviembre de 2009

INVITACION ESPECIAL

Este  dia  Sabado tendremos  el  concierto de los concierto, al menos para mi es  asi,  no se  si para  vosotroso queridos  feligreces.
Estaran los  NIÑOS NUESTROS  NIÑOS  CANTANDO  que bello  verdad  ver  cantar  a estos  angelitos de Dios,  estoy  muy  emocionado  ojala  pensaramos y  tendriamos  algo de ese  corazon de  niños.  TODOS ESTAIS  CORDIALMENTE  INVITADOS A PARTIR DE LAS 17:15 EN NUESTRA  PARROQUIA  SAN  ANDRES APOSTOL.
APOYEMOS  ESTA  GRAN  INICIATIVA  DE LA PROFESORA  ANRANTXA  QUE  VIVE LA  MUSICA.
 El  qu e canta  reza  dos  veces. san  agustin.

AMOR ADULTO

AMOR ADULTO


REFLEXIONES DE UN ENFERMO EN TORNO AL DOLOR



El dolor es un misterio. Hay que acercarse a él de puntillas y sabiendo que, después de muchas palabras, el misterio seguirá estando ahí hasta que el mundo acabe. Tenemos que acercarnos con delicadeza, como un cirujano ante una herida. Y con realismo, sin que bellas consideraciones poéticas nos impidan ver su tremenda realidad.



La primera consideración que yo haría es la de la «cantidad» de dolor que hay en el mundo. Después de tantos siglos de ciencia, el hombre apenas ha logrado disminuir en unos pocos centímetros las montañas del dolor. Y en muchos aspectos la cantidad del dolor aumenta. Se preguntaba Péguy: ¿Creemos acaso que la Humanidad esta sufriendo cada vez menos? ¿Creéis que el padre que ve a su hijo enfermo hoy sufre menos que otro padre del siglo XVI? ¿Creéis que los hombres se van haciendo menos viejos que hace cuatro siglos? ¿Que la Humanidad tiene ahora menos capacidad para ser desgraciada?

Los medios de comunicación nos hacen comprender mejor el tamaño de esa montaña del dolor. El hombre del siglo XIV conocía el dolor de sus doscientos o de sus diez mil convecinos, pero no tenía ni idea de lo que se sufría en la nación vecina o en otros continentes. Hoy, afortunada o desgraciadamente, nos han abierto los ojos y sabemos el número de muertos o asesinados que hubo ayer. Sabemos que 40 millones de personas mueren de hambre al año. Y hoy se lucha más que nunca contra el dolor y la enfermedad... Pero no parece que la gran montaña del dolor disminuya. Cuando hemos derrotado una enfermedad, aparecen otras nuevas que ni sospechábamos (cómo olvidar el SIDA?) que toman el puesto de las derrotadas. En la España de hoy, y a esta misma hora, hay tres millones de españoles enfermos. Y diez millones pasan cada año por dolencias más o menos graves. Pero el resto de sus compatriotas (y de sus familiares) prefiere vivir como si estos enfermos no existieran. Se dedican a vivir sus vidas y piensan que ya se plantearán el problema cuando «les toque» a ellos.

Sabemos muy poco del dolor y menos aún de su porqué. ¿Por qué, si Dios es bueno, acepta que un muchacho se mate la víspera de su boda, dejando destruidos a los suyos? ¿Por qué sufren los niños inocentes? Nosotros, cristianos, debemos ser prudentes al responder a estas preguntas que destrozan el alma de media Humanidad. ¿Quién ignora que muchas crisis de fe se producen al encontrarse con el topetazo del dolor o de la muerte? ¿Cuántos millares de personas se vuelven hoy a Dios para gritarle por qué ha tolerado el dolor o la muerte de un ser querido?

Dar explicaciones a medias es contraproducente y sería preferible que, ante estos porqués, los cristianos empezásemos por confesar lo que decía Juan Pablo II en su encíclica sobre el dolor: El sentido del sufrimiento es un misterio, pues somos conscientes de la insuficiencia e inadecuación de nuestras explicaciones. Algunas respuestas pueden aclarar algo el problema y debemos usarlas, pero sabiendo siempre que nunca explicaremos el dolor de los inocentes.

domingo, 8 de noviembre de 2009

LA VIDA UN MILAGRO DIA A DIA


La vida, derecho humano fundamental
Por Pbro. Rubén Revello
Coordinador del Instituto de Bioética, Facultad de Ciencias Médicas, Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA)
En Medicina se enseña desde siempre que “cuando se atiende una embarazada, no se está ante un paciente sino antes dos: la madre y el niño”. Esta tradición halla su expresión formal más antigua en el Juramento Hipocrático, donde el profesional de la salud se compromete a “no administrar medicina alguna que lleve a una mujer a provocar un aborto”; pero también responde a los sucesivos descubrimientos de la Embriología, que afirman que con la fecundación comienza un proceso original, autónomo (se regula por sí mismo), continuo (no se detiene en un punto y no necesita ser reactivado) y gradual (va de la unidad celular primera, constituirá tejidos, órganos, sistemas, y todo en el proyecto integral de una persona), por el cual todos pasamos en algún momento de nuestras vidas. Es más, la unidad vital, que es la célula, mantendrá la información original contenida en ese preciso instante a lo largo de toda su existencia, y podrá seguir dando información de esa persona, aun después de la muerte, con las pruebas de ADN.

Esta realidad científica incuestionable, ha llevado a un prestigioso genetista, catedrático y académico internacional como Jérôme Lejeune de Francia, a afirmar que “con la inclusión del material genético paterno en el óvulo, se dispara una serie de mecanismos que lo activan y dan comienzo a una nueva vida humana”.

Seguramente, cuando el Sr. Presidente del Uruguay, Dr. (en Oncología y agnóstico) Tabaré Vázquez, vetó la despenalización del aborto en su país, toda esta tradición médica y toda la contundencia de la evidencia científica, influyó en una decisión que lo enfrentaba a su partido. Y es que uno puede negociar muchos aspectos de la labor política, pero el respeto a la vida de cada ser humano, nacido o en gestación, sigue siendo una cuestión inclaudicable, al menos para un verdadero estadista.

Otra cosa distinta son los oportunistas, que presentándose con piel de progresistas, aprovechan de su efímero protagonismo para ponerse al servicio de aquellos centros de poder que en lugar de eliminar la pobreza, siguen repitiendo la macabra fórmula de eliminar a los pobres. Así, “progresismo” político y conservadurismo económico se asocian por detrás de camarines, presentándose al público como una falsa opción para la gente.

En la argumentación de Tabaré Vázquez, los motivos del veto fueron “objeciones biológicas y éticas”, de manera que no podrá ser acusado de oscurantismo religioso. Espero que nuestros políticos aprendan -como dice el Martín Fierro- “de este gesto de grandeza”.

viernes, 6 de noviembre de 2009

EL SACERDOTE TESTIGO DE LA ALEGRIA

“Como cristianos estad siempre alegres. Os lo repito: Estad alegres. Que todo el mundo note lo comprensivos que sois. El Señor está cerca. No os agobiéis por nada”
Flp 4, 4-6


“Que la esperanza os tenga alegres. Sed enteros en las dificultades y asiduos en la oración”
Rm 12, 12
Estad siempre alegres.- La alegría, aunque las circunstancias digan lo contrario, es uno de los distintivos más importantes que tenemos los cristianos. No debe depender sólo de las circunstancias, porque si no estaríamos muy tristes. Hay que estar alegres en todo momento.

El Señor está cerca.- Nuestra alegría se basa en la cercanía de Dios, pero un Dios que es alegre, justo, total y absolutamente comprensivo, en definitiva, un Dios cercano al hombre, que se preocupa por entero por cada uno de nosotros, que sufre cuando hacemos sufrir a los demás, que busca lo mejor para sus hijos. Tenemos que esperar con alegría nuestra unión con El. Todo problema tiene solución, incluso la muerte para el cristiano, entonces ¿qué sentido tiene esos rostros tristes, esas conversaciones frías?
Nuestras alegrías.- Abundan las alegrías superficiales, las alegrías que dependen de las circunstancias, de lo que tenemos, somos o/y hacemos. Creemos que las circunstancias son la llave de nuestra alegría. Surge una alegría falsificada. La verdadera alegría no se compra en nuestros mercados, ni se encuentra en nuestras salas de fiesta.
Características de nuestra alegría

Libre: Transciende la propia realidad. No se siente apegada a nada ni a nadie. No nace del tener, porque descubre que las cosas no dan la felicidad plena. No necesita del triunfo, el halago o el dominio; más bien crece en el servicio, la entrega y el silencio.
Pacífica: Ama el diálogo; evita la agresividad; no pierde el control de sí misma, no pierde los estribos, evita el resentimiento.
Profunda: Va al interior de la persona.
Inagotable: Está centrada en el manantial del Espíritu Santo.
Humilde: Evita toda vanagloria; se considera muy poca cosa. No necesita manifestarse ruidosamente.
Solidaria: Siente como propio el dolor que le ocurre al prójimo.
Contagiosa y comunicativa: No se reserva nada para sí misma. La alegría llama a la alegría. Crece en la profundidad del encuentro y en lo íntimo de la amistad. Nace de dentro.
¿De dónde surge, cuál es la raíz de nuestra alegría?

De la certeza de la salvación en Cristo.
Del sentirse incondicionalmente amado en Cristo.
Del sentirse constantemente protegido: “No temas”.
Del saber que nunca estás solo. “Yo estoy contigo”.
Porque puede convertir los sufrimientos en materia de salvación y de dicha.
Porque comparte la alegría y los sufrimientos de los demás.
Porque vive en el amor, que es don de Dios y tiene relación directa con la alegría.
Y, sobre todo, porque lleva dentro la verdadera fuente de la alegría, que es inagotable y que todo lo transforma en caudal de más alegría. Es una participación del gozo eterno de Dios.
Ideas-clave sobre la felicidad y la sonrisa
El hombre no está hecho para la felicidad; está hecho para amar y ahí encuentra la felicidad.
La sonrisa es la mejor expresión de la alegría. A primera vista parece que una sonrisa significa muy poca cosa o que es sólo la señal de un carácter juvenil o de un momento de buen humor, pero una sonrisa constante lo mismo en los ratos de alegría o tristeza que en la alegría o tristeza que en las horas de entusiasmo y de optimismo, cuando el pesimismo nos desalienta, en una palabra sonreír siempre, una sonrisa así no puede ser más que el fruto de una virtud madura y auténticamente cristiana.
La sonrisa ayuda a conservar la alegría interior y el buen humor exterior. Es un verdadero apostolado porque Dios se comunicará a todos a través de tu sonrisa: Los tristes, los desanimados, los enfermos, los pobres, todos aquellos que sufren alguna pena, al ver la luz de tu sonrisa, sentirán renacer en su corazón la alegría, el gozo y la paz. Sonríe a los que te critican, a quien te cae “gordo”, incluso a Dios cuando parezca que no te hace caso; no te enfades con El, sonríele: vive siempre contento/a con El. Sonríe a pesar de las dificultades, sonríe a todo y a todos, a los que te aman y a los que te miran con indiferencia o te hieren. Sonríe siempre y que tu sonrisa ingenua y sencilla sea el velo que oculta a los ojos de los demás las heridas de tu corazón. Sonríe siempre y en recompensa de tu sonrisa alcanzarás para ti la sonrisa de Dios, esa sonrisa suya que dura siempre. Sonríe a los rostros desolados, tímidos, tristes, enfermos, a los rostros frescos y juveniles, a los viejos y los arrugados. Una sonrisa puede llenar una nueva vida de esperanza, de ánimo en los corazones cansados, oprimidos, tentados, desesperados. Una sonrisa de un sacerdote o de una religiosa, puede suscitar una vocación: Una sonrisa, ¡qué fácil! “Quiero ser como este padrecito, como esa madrecita”. Una sonrisa puede ser principio de conversión a la fe. Puede preparar el camino para el regreso de un pecador a Dios.
¿Verdad que merece la pena sonreír aunque tu corazón esté triste?


LA ALEGRÍA ESTA EN UNO MISMO.